Como psicóloga, siempre digo que la terapia infantil es como una «búsqueda del tesoro». En ese juego de buscar pistas para entender el corazón de un niño, me di cuenta de que a veces las palabras directas no bastan. Necesitamos puentes, metáforas y personajes que nos ayuden a nombrar lo que sentimos.
Así nacieron mis cuentos: «La brújula de Julia» y «Luna». No son solo historias para dormir; son herramientas de acompañamiento para que niños y adultos encuentren su propio camino de vuelta a casa.
La brújula de Julia: En busca de la autenticidad
¿Qué pasa cuando dejamos de escuchar lo que sentimos para hacer lo que los demás esperan de nosotros? En este cuento, Julia nos enseña la importancia de encontrar nuestra brújula interna.
A menudo, el ruido del mundo externo —las expectativas del colegio, de los adultos o de los amigos— hace que perdamos el norte. Julia invita a los más pequeños (y a los grandes que aún estamos en el proceso) a sintonizar con su propio sentir para actuar desde la verdad de quienes son.
